miércoles, junio 16, 2010

Día 212

De las palmas de cera de Bogotá esta es la que más quiero. Se encuentra en el estrecho antejardín de una casa que le queda chica, pero a cuyos antiguos moradores debemos la expresión de nuestra gratitud. Para alcanzar la altura que el visitante de este blog puede apreciar, estas plantitas necesitan unos sesenta años.

5 comentarios:

Biovisor dijo...

Por lo de la altura desproporcionada entre la casa y la palma no hay problema, pronto harán un edificio que iguale o supere la "plantita", el problema es para el jardinero cuando le manden podar un poco la vegetación del antejardín. Tendrá que esperar la construcción del edificio y pedirle permiso al propietario del sexto piso para realizar su labor.

Javier dijo...

Algunas palmeras son más ingenuas cuanto más altas. No sospecha la pobre que llamando así la atención lo único que conseguirá es que la poden cuando construyan. Salvo que algún alma caritativa e influyente lo evite.

mi nombre es alma dijo...

Las palmeras lo resisten todo, hasta las ciudades.

Anónimo dijo...

Il faudrait protéger le (les?) palmier(s) de Bogotá comme sont protégés les cèdres du Liban - de véritables patrimoines de l'humanité

E. C. Pedro dijo...

Un dato clave que se me olvidó resaltar es que Bogotá, pese a estar en la zona tropical, se encuentra a 2.600 msnm, de modo que para el viajero estas plantitas tienen algo surrealista...

¡Un fuerte abrazo por sus comentarios de lujo!