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domingo, julio 08, 2012

Día 886

Un 8 de julio nació el célebre y reconocido autor casteltheodoriciano Jean de La Fontaine, de quien la historia conserva sus Fábulas. Fue sin embargo también un importante poeta y dramaturgo de corte moralista, junto a otras figuras de las letras francesas como La Rochefoucauld, Pascal, La Bruyère, Voltaire o Stendhal. Por supuesto, su intención no era dictar cátedra sobre lo bueno o lo malo, sino realizar una exposición crítica de las costumbres de su tiempo. De ahí las moralejas supremas que llegó a componer, entre las que se destaca la que albergan los versos que compuso para su epitafio:

"Jean s'en alla comme il étoit venu,
Mangeant son fonds après son revenu ;
Croyant le bien chose peu nécessaire.
Quant à son temps, bien sçut le dispenser :
Deux parts en fit, dont il souloit passer
L'une à dormir, et l'autre à ne rien faire."

Una traducción (enlace).

sábado, enero 28, 2012

Día 739

Un verdadero ascenso en solitario por la avenida Veintiséis.

viernes, enero 20, 2012

Día 731

Esta es la imagen ideal para ilustrar el artículo consagrado al barrio Alfonso López.

viernes, diciembre 23, 2011

Día 707

La ciudad tiene la virtud de permitir, con algo de suerte, que cada cual cree módulos y mundos a su medida.

martes, junio 14, 2011

Día 540

El presente edificio se encuentra en el barrio La Soledad de Teusaquillo. Su simplicidad es desconcertante. Con todo, tiene algo de acogedor. Su tercer piso hace pensar en un espacio único y generoso, con una franca orientación oriental que debe dejar en su ambiente una agradable tibieza hasta la mañana siguiente. Debe tener sin duda también muchas plantas y una biblioteca con lo esencial: versos de Verlaine, ensayos de Hume, cuartetos de Schubert. Una cocina llena de café y arroz y al fondo una enorme pared blanca que contemplar.

sábado, julio 31, 2010

Día 256

Nada mejor para escoger entre las tres virtudes teologales que la fe, pues no puede ser más importante, y sin ella las otras dos no son posibles, y en general en su ausencia nada es posible, debiendo en realidad declarársela virtud fundamental, para que dé curso al universo en el más axiomático sentido, la letra E al revés de la operaciones lógicas, pues ante todo hay que establecer la existencia del tema tratado, ya que de lo contrario se estarán elaborando reglas carentes de efecto, siendo en otras palabras indispensable y primordial la presunción de existencia que da la fe, de modo que sin ella es impensable albergar esperanza, y muchísimo menos amar, de modo que aunque el amor sea lo que sostiene el mundo, y haya por eso sido aplaudido hasta llegarse a afirmar que de las tres virtudes es el mejor, aunque sostenga el mundo, decía, la fe por su parte determina que la expresión "sostener el mundo" sea significativa, pues si no se tiene fe por lo menos en la existencia de las cosas, es imposible pretender que estas sean sostenidas por el amor o lo que sea, por no hablar de predicados mucho más complejos, como afirmar que sean altas o sublimes o flacas o divinas, conjurándose de paso la alternativa de guardar silencio, pues aunque se esté antes de lo decible, se sigue estando ante la palabra, de modo que es lícito concluir que callar es ya hablar un poco, siguiendo en líneas generales otro tipo de exigencias comunicacionales, de modo que cuando parece no necesitarse nada para estar con una persona, aparte de estar con ella, que para vivir, repetimos, basta con la armonía emotiva y con cierta telepatía intelectual, cuando se cae pues en la falacia del silencio, se está en realidad dependiendo de su estructura tácita y oculta, o en otras palabras en un caso en que se niegan los más selectos frutos de la fe, que son el tiempo y la materia, pues en su ausencia no puede haber ni armonía emotiva ni telepatía emocional ni silencio alguno, y de ninguna manera ni el más mínimo asomo de esperanza, que es de lejos la más accidental y prescindible de las tres, pues en un sentido amplio tan sólo pretende que lo dado mejore, y en un sentido estricto que se complemente lo insatisfactorio, sin pasar nunca de ser un optimismo disfrazado, una pura forma de desear, que es una capacidad clave para el bienestar de los seres conscientes, por más rudimentaria que sea su autopercepción, pero hasta en los más recónditos casos, insistimos, apenas conducente a una satisfacción o desilusión, que depende por supuesto de la expectativa inicial, de la que empero ningún elemento esencial depende, siendo por ende la esperanza y en menor medida el amor conceptos disonantes en la terna de las virtudes teologales, de donde habría que excluirlos, incorporándolos por el contrario en grupos de menor nivel, como las siete virtudes del catecismo, utilizándolas respectivamente para reemplazar la diligencia y la castidad, ya que esos conceptos no contrarrestan ni la pereza ni la lujuria, dejando entonces la fe como única virtud teologal.

Con lo que san Pablo queda refutado.

jueves, diciembre 24, 2009

Día 57

Bogotá tiene gestos maravillosos, como esta plazoleta dedicada a Rafael Pombo, el célebre poeta bogotano. Relegado a la literatura infantil (lo cual no es en sí un insulto) este autor tiene bastante que ofrecer, a tiros y troyanos. A quienes quieran recogerse ante el autor en un marco bucólico y apropiado para la reflexión, les sugiero visitar el parque en la calle Cuarenta y uno con carrera Veinticinco en el barrio Teusaquillo.