
No es por desgracia Bogotá una ciudad consagrada al grafiti artístico. Suelen ser las pintadas de tipo gamberro, más interesadas en transmitir mensajes que sólo son variaciones de "Estuve hacá". Ahora, aunque el dibujo de la imagen no es exactamente bello, es a mi juicio valioso en cuanto arte bruto. Veamos. La puertita azul de la izquierda da pistas sobre las proporciones de la empresa, pues tiene la estatura de un adulto alto. La composición del cuello, la quijada y la nuca no debió de presentar inconvenientes, pues es probable que el autor haya contado con la ayuda de un par de amigos dispuestos a todo por amor al arte. Pero a partir de la boca me quito el sombrero, pues es claro que el Dubuffet criollo
decidió que su mamarracho tendría carisma y crisma, así en el intento él mismo se rompiese la propia. Me imagino una torre de tres compadres alicorados y suicidas balaceándose para que el artista pudiese cumplir con su propósito... El estilo bifuminado -casi aéreo- de la coronilla me recuerda las proezas de Dalí, quien se enorgullecía de haber pintado cuadros sublimes sin jamás apoyar el pincel, procediendo sólo mediante salpicaduras. El conjunto se encuentra en el costado sur de los antiguos Cinemas, en la carrera Octava con calle Veinticuatro.