domingo, septiembre 12, 2010

Día 297

El parque del Perro es uno de los secretos de La Macarena, mi barrio. Acá lo vemos desde la carrera Quinta, que es desde donde mejor se cae en el error de creer que se trata del jardín interior de alguna de las casas adyacentes. Su acceso se realiza por la carrera Cuarta, donde se ha ubicado una reja que se cierra y abre con la salida y la puesta del sol. Se llama así porque los habitantes del sector suelen emplearlo como punto de deyección para sus mascotas. Pero es un detalle menor ante la belleza de sus araucarias, pinos y demás árboles.

4 comentarios:

Javier dijo...

Siempre he pensado -desde que llevaba a mi hija a jugar al parque- que la utilización de la zona de juego de los niños para el desahogo de las mascotas sólo podría contrarrestarse en justa contrapartida con la utilización de la zona de juego de las mascotas para el desahogo de los niños. Sus dueños nunca aceptaron. Aunque personalmente preferiría que ambos jugasen y desahogasen con cierta sintonía de espacios.

En cualquier caso, tu fotografía de hoy alegra la vista y relaja la mirada.

mi nombre es alma dijo...

No se pueden hacer bromas sobre los pocos espacios verdes que qeudan en las ciudades.

El peletero dijo...

Entonces no haremos bromas.

Son muy bonitos los jardines y los espacios verdes de nuestras ciudades.

Saludos.

Anónimo dijo...

caigo en cuenta de las paredes de piedra en esta ciudad... fué toda una época. Y son bellas. Ese parque, parquecito, es una joyita por mas que los perros la perfumen.