jueves, diciembre 24, 2009

Día 57

Bogotá tiene gestos maravillosos, como esta plazoleta dedicada a Rafael Pombo, el célebre poeta bogotano. Relegado a la literatura infantil (lo cual no es en sí un insulto) este autor tiene bastante que ofrecer, a tiros y troyanos. A quienes quieran recogerse ante el autor en un marco bucólico y apropiado para la reflexión, les sugiero visitar el parque en la calle Cuarenta y uno con carrera Veinticinco en el barrio Teusaquillo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

raro sitio. es bogota si tu lo dices.

E. C. Pedro dijo...

Bueno, a veces tampoco estoy muy seguro... Pero creo que el poeta tampoco tenía total claridad sobre donde andaba. Para la muestra esta estrofa del poema "La memoria":

¡Oh perfecto presente del pasado,
Vida de tanto amado ausente y muerto,
Que poblando aquel fúnebre desierto
Burlas del tiempo el hierro despiadado!

mi nombre es alma dijo...

Como diría el mismo Pombo, no hay más realidad que lo eterno, y él ahí, en tu foto, se ha vuelto eterno.

Un abrazo