viernes, junio 29, 2012

Día 877 Te manda saludos Erwin

Dijo Churchill el 4 de junio de 1940 en su discurso ante la Cámara de los Comunes: "We shall defend our Island, whatever the cost may be, we shall fight on the beaches". De eso hay que resaltar el 'our' y 'beaches', pues lo importante no es pelear (ese es el contexto) sino el escenario. ¿Es mejor pues afrontar las cuestiones en nuestro reino, o es por el contrario mejor elegir un terreno ajeno? Ambas alternativas presentan ventajas, pero también lo contrario. Por un lado, 'pelear en nuestras playas' implica cierta familiaridad con el terreno, lo que favorece la precisión y el impacto al trazar y emplear estrategias basadas en la inteligencia situacional. Es el caso de Pablo Escobar y su escape de La Catedral: no habría sido posible si no conociera como la palma de la mano los cerros del Poblado y Envigado. Pero ese escenario tiene el inconveniente de que lo que se rompe, se nos rompe. Como Japón en Iwojima, se está negociando con elementos esenciales, cuya pérdida puede no ser reparada; la devastación de Polonia tras la Segunda Guerra Mundial es otro ejemplo. Pero dar los enfrentamientos en otros terrenos presenta también características extremas. Dentro de las ventajas está que, como Dorothy, siempre podemos regresar a Kansas. Pase lo que pase, el hogar (o por lo menos su idea) siempre será una retaguardia a la que solo en casos de crisis fatal no podremos regresar. 'No hay nada como la casa': si no se pierde la cabeza queda la alternativa del repliegue estratégico. Su mayor desventaja radica también en el (des)conocimiento del terreno, que nos es ajeno por definición y del que por lo tanto se puede solo sacar una ventaja circunstancial. Al respecto es clave distinguir dos situaciones con diferencias relevantes. Cuando la pelea se da en los terrenos del enemigo y cuando sucede en áreas neutras. El primer caso tiene algo de la ruleta rusa. Es cierto que da ventaja al invasor, en particular por la  vulnerabilidad estratégica del oponente. Pero su interés es demasiado pequeño como para justificar el costo de una aniquilación posible (aunque no siempre probable). En esa área, la neutralidad de la segunda condición es una concesión, pero también un escudo. ¿Qué hacer para pelear contra el hombre invisible? Batman encontró la respuesta: apagar las luces. 'Lo neutro' debe servir para neutralizar; si no vamos a ver, que nadie vea. Esa es la lección del zorro Rommel: aunque el desierto sea el peor lugar para pelear, lo es para todos. Sin excepción.

2 comentarios:

FJavier dijo...

Interesante reflexión, Pedro, e inusualmente generosa. Mi aportación es que hay muchos ejemplos en la historia de ejércitos muy bien preparados que son vencidos en casa de un adversario mal armado. En el hogar la guerra es un acontecimiento prioritariamente emocional, en la distancia es un tecnicismo que puede ser tan ajeno como la misma causa que lo mantiene. Y, como en el amor, la guerra también está en el cerebro. En el cerebro emocional. La determinación del que defiende lo suyo es mucho más eficaz que la mejor de las armas.

E. C. Pedro dijo...

Y una buena oportunidad para citar las primeras líneas de la Constitución de la Unesco: "Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz".

Muchos saludos.