martes, agosto 07, 2012

Día 916

Tiene la última parte de Dogville ese momento desconcertante en el que la protagonista Grace, tras ser iluminada por un rayo lunar, lleva hasta el final su razonamiento. ¿Es la melancolía que la invade? Quién sabe. ¿La venganza? Es probable. ¿El odio? Quizá. Lo más notable —lo imprescindible— es el cambio de polaridad que se opera en su evaluación, pues este no sucede gracias a una inversión de valores, sino a un proceso similar al que resulta de eliminar una dimensión. Al querer pasar por lo que el resto del pueblo ha pasado y ser a su vez uno de sus miembros al fundirse en la unidad—, Grace (que suena como Christ) dispone que sean los habitantes de Dogville quienes padezcan lo que ella ha sufrido. Se trata pues de una moral no binaria, basada solo en el bien y sus gradaciones. Ese es tal vez el más severo de los sistemas: del mal es al menos posible redimirse. ¿Cómo, de la imperfección?

2 comentarios:

FJavier dijo...

Magnífico comentario que resta protagonismo a tan sugerente imagen. Veo el invierno desde este verano madrileño y quiero interpretarlo como una dimensión del calor, aunque esta nueva polaridad me aleje, como a Grace, de cualquier redención posible.

No recuerdo la película pero no me extraña que bajo los efectos de la luz de un sol temprano cualquier revelación se torne presagio.

Un cordial saludo, amigo Pedro.

Laura Contreras dijo...

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