martes, octubre 04, 2011

Día 634

Bajo el sol o bajo cero, todo es cuestión de coincidencias. En efecto, Darwin habría sido más preciso bautizando a su hermoso sistema como la Teoría de las coincidencias.

6 comentarios:

la MaLquEridA dijo...

Tus imágenes parecen sacadas de un pueblito inexistente y sin embargo existen.


Saludos.

Miguel Baquero dijo...

Qué preciosa calle. Sobre todo porque parece acabar directamente en el monte

El peletero dijo...

Cualquier teoría lo es porque lo es de las coincidencias, semejanzas o igualdades.

La calle es realmente una preciosidad.

Saludos.

FJavier dijo...

Si acaso, amigo: "...de las coincidencias encadenadas"

E. C. Pedro dijo...

Malquerida, esa es la idea: sacar esa ciudad que uno lleva adentro y que es más bella (y también más fea) que la que nos rodea. En ese sentido, si las piedras son poco sensibles a la luz, en nuestra experiencia urbana esta es todo.

Miguel, muchos visitantes anotaban que las calles de la ciudad parecían infinitas, pues al ser rectas constituían perspectivas hacia los extramuros, que por cierto no tenían muros ni gran cosa. ¡Veo que has renovado la tradición!

Peletero, me haces recordar que nuestra experiencia está determinada por las neuronas espejo: esas que hacen que en los túneles del metro los viajeros comiencen un divertido baile, que consiste en ir hacia la derecha cuando el otro va a la izquierda: que nadie se sorprenda si nuestras teorías y demás Mesdames Bovary se nos parecen.

De acuerdo Javier, las coincidencias tiene que acumularse para (digamos) conformar algo. Pero el encadenamiento también parece reducible a una coincidencia, si bien más compleja que la coaparición.<

Pherro dijo...

Todo el conjunto de esta toma se ve impecable.
Dan ganas de vivir en ese pedazo de tiempo, dentro de esa misma imagen.
Luego nos vemos Pedro.