martes, septiembre 07, 2010

Día 292

Grafiti con prócer en el barrio Germania.

6 comentarios:

Javier dijo...

Tengo que reconocer, E. C. Pedro, que para mí no hay nada como un grafiti para reconciliarse con la ciudad y sus gentes. Los niños que hay en sus habitantes, al más puro estilo Freudiano, vuelven a la pared con la misma ternura y espontaneidad con la que ya lo hicieron en sus primeros garabatos, dotando al paisaje urbano de unas dimensiones compatibles con el tamaño del propio hombre. Al margen de cuales sean sus cualidades estéticas.

Esquina para la comunicación urbana. Me gusta.

Un cordial saludo.

Anónimo dijo...

teóricamente los grafitis y los murales son maravillosas expresiones. Rara vez logran cualidades estéticas... es una lástima. Es mejor la foto con su capacidad de rastrear lo urbano que el grafiti mismo...

El peletero dijo...

Ya en la sepultada Pompeya pintaban los romanos las paredes alabando o defenestrando a los tribunos, a los cónsules o al marido.

¿El prócer quién es, Bolívar o San Martín?

Saludos.

lAeXploradora dijo...

Me gustan los grafitis, unos más que otros, tengo algunas fotos... Esta esquina sin duda no sería la misma sin tanto color... Un saludito...

E. C. Pedro dijo...

Javier: totalmente de acuerdo. Aunque se puede matizar mucho en función de la calidad, el grafiti es un regreso a los orígenes.

Anónimo: Creo que sabes que en Bogotá la calidad de este arte es alta. Veremos qué pasa con esta intervención.

Peletero: En un sentido amplio, el arte rupestre en su conjunto está compuesto por grafitis.

Diana: Qué bueno tenerte de vuelta. En efecto, en el tu Bogografía hay muy buenos ejemplos.

E. C. Pedro dijo...

Peletero, se me olvidaba, el prócer es Antonio Nariño, a quien los colombianos reconocemos con facilidad en esta imagen porque se trata de la reproducción del anverso del billete de diez pesos, que ya está descontinuado. Por supuesto, el rostro no tiene el ojo izquierdo salido de órbita.