domingo, junio 27, 2010

Día 223

Los domingos presentan la característica de llevar la normalidad al paroxismo. Un perro que se rasca de pie o dos coches estrellándose estáticos son, digamos, ejemplos locuaces de esa excentricidad del bien.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Sur une île désertique, il y a seulement deux automobiles, peu de routes avec un seul carrefour. Un dimanche, au carrefour, les deux automobiles s'écrasent l'une contre l'autre. Un chien les observent.

Javier dijo...

Las ciudades hablan en silencio, como suelen hacer los trasteros, de historias llenas de nostálgica belleza y, como en este caso, de una luminosa estética que invita a la reflexión filosófica acerca de la poesía urbana. (Me permito la pedantería de recordar aquí a Alexander Gottlieb Baumgarten). Toda esta magia es invisible para los ojos no iniciáticos. No es tu caso, bastaría con leer tus palabras para descubrir a un certero francotirador de las sensibilidades cotidianas.
Sólo la facilidad con la que la alargada sombra del perro vagabundo de tres patas sube la cuesta daría para escribir varios capítulos de esa “locuaz excentricidad del bien”.

Un admirado saludo.

El peletero dijo...

El bien siempre es excéntrico y perturbador, como las cosas inmóviles y extáticas.

Saludos.