viernes, mayo 14, 2010

Día 180

Qué difícil es la iconografía cuando se refiere a imágenes que nos son familiares. Resultan tan universales como el agua o el pan, que hacen pensar en seguida en la sed o el hambre (salvo cuando estamos trabajando en un restaurante, pues entonces se vuelven indiferentes objetos). Pese a no ser creyente, comparto el imaginario y los arquetipos del catolicismo. En el barrio La Candelaria, que ya hemos descrito, en la carrera Sexta, entre calles Décima y Once, muy cerca de la Catedral Primada, hay varias tiendas de artículos religiosos. Ayer, caminando a la hora del almuerzo, me detuve frente a una vitrina con una escena bíblica que siempre me ha llamado la atención. De hecho, Cristo lavando los pies de los Apóstoles constituye un momento muy bello de la Pasión. ¿Será cultural considerar como sucia esa parte del cuerpo? Yo tendería a pensar que no. El gesto de Cristo es universal y conmovedor, pues es una clara expresión de cordialidad hacia el viajero.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

... pero es un extraño rito. Existe en otras culturas? Los pies en occidente no son muy explorados... seria bueno saber mas de esto.

Javier dijo...

Entiendo que esa costumbre está relacionada con los hábitos de índole religiosa, si bien lo que más destaca en nuestra cultura es el significado de entrega, hospitalidad y servicio al huésped, al hermano, al otro. Porque limpiar sus pies, más allá de lo puramente higiénico, es un gesto que exige arrodillarse “ante”, es decir, despojarse de cualquier tipo de orgullo y altanería, y manifestar un reconocimiento explícito del otro. Creo que ya no se lleva.
Bonitas figuras y entrada.

E. C. Pedro dijo...

Tiene una carga ritual muy fuerte, pero lo interesante del rito es que el gesto inicial se conserva intacto.

mi nombre es alma dijo...

El mismo Papa y otros altos cargos de la iglesia lavan los pies a ciertas personas (no recuerdo en que época) como recordatorio de esta escena. Lástima que sea solo un gesto conmemorativo y no un presagio de que algo puede cambiar en la Iglesia.

Un abrazo, como siempre unas magníficas instantáneas