miércoles, marzo 31, 2010

Día 143

Nunca había oído hablar de teatro extremo. La obra Carrillón, cuyo ideólogo es Angelo Bonello, tuvo el gusto de presentármelo. Como se trata de un espectáculo al aire libre y yo vivo en las alturas, conté con un ángulo insuperable para contemplar su impresionantes puesta en escena. Aunque me parece un esfuerzo loable, no entiendo bien por qué en esta reseña se dice que "el montaje desbordará la imaginación del público capitalino". Amén de ser la obra un interesante homenaje al Circo del sol, no veo bien cómo una frase hecha puede favorecer intereses artísticos. Pero así vamos: a caballo regalado...

3 comentarios:

Javier dijo...

La palabra “extremo” añadida a “teatro” me parece una tautología, una redundancia. Quizá el énfasis teatral que se consigue tenga fines deliberadamente subconscientes relacionados con el buscado efecto del espectáculo en el espectador. Ello podría reflejarse en el precio de la entrada y/o en la respuesta del público a la llamada. Comprendo que este comentario pueda ser calificado de cursi, a mí también me lo parece, como el espectáculo de marras.
Un saludo.

E. C. Pedro dijo...

De acuerdo: ¡El teatro será extremo, o no será!

Anónimo dijo...

...la foto es bastante más potente que el espectáculo desde mi ventana. El teatro le debe a la fotografía (a esta foto) el valor agregado. "Una foto vale mas que ciertos montajes".