sábado, noviembre 21, 2009

Día 26

Como las moscas, los charcos no pasan desapercibidos. Como ellas, tampoco permanecen en el recuerdo. Son efímeros porque el agua que los compone se evapora. Basta, sin embargo, con un aguacero para que aparezcan en el mismo lugar, con la misma silueta, reflejando el mismo paisaje. Este manto líquido está en el puente de la carrera Séptima con calle Veintiséis. En su reflejo se pueden contemplar invertidos, además de algunos transeúntes, el Hotel Tequendama y la Torre de las Américas. ¿Las obras del Transmilenio bastarán para alterar su cóncava existencia?

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